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jueves, 17 de enero de 2013

Jaime y Sansa. Epílogo






Capítulo XIII
El fin
(Epílogo)
Cuando informaron al Lord Comandante de lo sucedido, sus alaridos se oyeron en todos los rincones de la Fortaleza Roja. Destrozó sus estancias de la Torre de la Espada, mientras Lord Petyr Baelish y tres Guardias Reales con los que se encontraba reunido preparando su marcha, trataban de sujetarle sin conseguirlo.
Montó su corcel y cabalgó lo más rápido que pudo para llegar a ella. Cuando lo hizo, Sansa ya había muerto. Habían lavado y dispuesto su cadáver y la habían vestido con los colores de su casa, colocándole encima su broche de plata del Huargo.
Jaime se encerró con ella. “Estaban todos locos si creían que iba a dejar que la enterrasen –pensó- con el miedo que le da la oscuridad”
Únicamente, permitió la entrada de Tyrion a los aposentos que ocupaba con el cuerpo de la pequeña, después de mucho insistir este.
“- Le prometí que la llevaría a Invernalia” fue lo único que le dijo. El enano se asustó al ver el estado en el que se encontraba su hermano “- La llevaremos. Te doy mi palabra Jaime”.
Cuando le convenció de que debían hacerlo por lealtad a su memoria y tras darle su palabra de acompañarle, la comitiva funeraria inició el recorrido hacia el Norte. Poniente les escoltó según fue conociendo la noticia. Las gentes salían al Camino Real en silencio a mostrar su respeto a la Loba y a aquel hombre que la seguía muerto en vida sobre su caballo.
Tras enterrarla en las catacumbas de Invernalia junto a sus ancestros. Jaime de la casa Lannister, heredero de Roca Casterly continuó camino hacia el Muro, donde vistió el negro y ejerció como Lord Comandante de la Guardia de la Noche el resto de sus días. Siempre llevó consigo el pañuelo de ella.
Se hicieron canciones sobre su amor. Su historia, pervivió a través de los tiempos.
Mientras tanto.
Cersei Lannister, al conocer la noticia del asesinato, se retiró a la Roca lejos de su hijo. Sintió con vergüenza y dolor, la muerte de Sansa Stark.
Se llevó con ella a Myrcella y a Tommen. Jamás volvió a salir de allí.
El Rey Joffrey volvió con total impunidad a Desembarco del Rey tras su acto, ignorando el odio de su pueblo. Fue asesinado un mes después por "El perro" que había jurado vengar a su pajarito y le cortó el cuello. Tras ello,  este desapareció de la ciudad y nadie volvió a verlo. Tampoco trataron de buscarle.
El Rey Stannis llegó entonces al Trono de Hierro y mandó erigir la estatua más grande ´de Desembarco en homenaje a "La Princesa de Invernalia". Su reinado fue justo y legítimo.
Fin.
Jaime y Sansa
Lions & Wolves
Todos los personajes y lugares, son propiedad de G.RR Martin
Fanfic Jaime y Sansa
Cristina ropadeletras
Enero 2013

Jaime y Sansa. Capítulo XIII (parte 1)





 





Capítulo XIII

El Fin

(Parte 1)



Terrazas Villa. Exterior día. El sol se refleja en los suelos de mármol.


Las dos últimas semanas habían pasado volando para Sansa.

Cuando Jaime volvió a Desembarco del Rey lo hizo sólo. Nadie preguntó y nada se contó de lo ocurrido entre los dos hermanos durante su encuentro. Ya llegarían los cuervos pensó la corte.

Lo primero que hizo el Lord Comandante, fue dirigirse al Septo de Baelor y hablar con el Maestre que había atendido a la Norteña en su convalecencia, después, se dirigió a su celda, le acarició la mejilla mirándola a los ojos y la besó antes de darse la vuelta y marchar en silencio. Sansa había llorado sin parar los dos días que él tardó en volver a buscarla. Las septas no le dijeron ni una sola palabra cuando ella preguntó y tampoco le permitieron salir. Dos Capas Doradas escoltaban su puerta.

Pero él regresó, cuando estaba a punto de volverse loca, Jaime Lannister vino a recogerla sin la armadura. Se sentó callado mientras la vestían con un traje rojo con leones bordados en oro y se la llevó de allí.

Viajaron cerca de medio día en carruaje hasta una villa ubicada entre Stokeworth y La Capital del Reino. Él no paró de besarla en todo el trayecto mientras la tenía en sus brazos.

Una vez que dispusieron unas estancias para ellos. Jaime la llevó a la terraza, la recostó en un diván, la cubrió hasta el pecho con una piel de Marta y le habló:

“- Os he echado mucho de menos mi amor;  me volví loco Sansa; quise matar a Cersei y a Joff y si no me hubieran frenado, lo habría hecho. Después, decidí que era mejor volver a por vos, y eso hice… Lo que no esperaba –dudo un segundo, pero cerró los ojos y continuó tras una breve pausa- es que estuvierais esperando un hijo – Sansa dio un respingo sorprendida, pero él le puso la mano sobre el hombro con cuidado para que se quedara quieta – El maestre no se explicaba como esa vida estaba enraizada después de lo de… De lo ocurrido, pero así era. Y por eso estamos aquí. No voy a permitir que vuelvan a tocaros, nunca, nadie, os lo juro. He renunciado a la Guardia Real. Os llevaré a Invernalia en cuanto estéis fuertes las dos –le acarició la barriga y la besó en los labios con dulzura- La lobita y vos. Y entonces, seréis mi esposa“

“- Será un León –dijo ella sonriendo muy convencida y arrugando divertida la nariz-“

“- Sois una loba testaruda eh –le contestó él y rió a carcajadas mientras la abrazaba- perfecto pues, el primero será un león, pero después, quiero una loba

Desde entonces su vida había dado un giro absoluto, era feliz. Se pasaban el día prácticamente juntos, salvo los pequeños ratos que él atendía audiencias privadas o se desplazaba a la ciudad. Él la mimaba todo el tiempo y ella se dejaba querer.
Algunas noches, mientras creía que dormía, le había observado por el rabillo del ojo revisando pergaminos con aspecto de preocupación. Pero nunca le decía nada y ella tampoco se atrevía a preguntar.


Y allí estaba, comiendo uvas y acariciando el gatito que la doncella le había traído esa mañana de los establos, porque había parido la gata tuerta otra vez, cuando la sombra se interpuso entre ella y el sol, alzó la cabeza. Y sus ojos asustados vieron su determinación. “- No por favor –su voz se volvió un chillido-“

Lo único que le dió tiempo a hacer mientras Joffrey la apuntaba con la ballesta y la llamaba ramera, fue incorporarse y tratar de protegerse el vientre. La flecha le atravesó el pecho y ella gimió por el dolor. El Rey giró sobre si mismo con toda la tranquilidad del mundo y se marchó dejándola yacer en medio de un charco de sangre que se extendía irremediable.

Dicen, que cuando mueres ves tu vida pasar ante tus ojos. Lo que vió Sansa de la casa Stark fue a Dama viva y libre, a sus hermanos pequeños corriendo en Invernalia, a Robb haciéndola girar en el aire con Jon, a sus padres... Y vió a Jaime besándola, haciéndole el amor y acariciándola después. Queriéndola. Cerró por última vez los ojos, con una sonrisa en los labios, porque moría amando.


Fin.


Personajes y lugares propiedad de George RR Martin
Fanfic Jaime y Sansa
Cristina ropadeletras
Enero 2013

martes, 15 de enero de 2013

Jaime y Sansa. Capítulo XII














El Septo de Baelor


Jardines Septo de Baelor. Colina de Visenya. Luce el sol

Era el primer día en que se atrevía a salir a los jardines laterales de la plaza que precedía al Septo.

La habían trasladado desde “La bóveda de las Doncellas” cuando aún dormía y se había despertado al cuidado de dos septas que la velaban prácticamente día y noche, tratándola con cuidado y respeto. Un maestre, también la visitaba a diario para hacerle todo tipo de curas, algunas mucho más humillantes que otras. Sansa de la casa Stark, las aguantó todas estoica.

Cuando abrió los ojos, se había descubierto en un pequeño aposento con un brasero; llevaba puesta una túnica de lana gris muy gruesa y le habían recogido el cabello en una trenza. No había espejos. Cada vez que se tocaba la cara, intuía el por qué.

Se encontraba alojada en una de las 7 torres de cristal que componían la edificación, la que contenía las celdas, tenía una ventana muy pequeña en la parte de arriba, que permitía la entrada de luz, pero no que viera el exterior. – Mejor- pensaba, así no tendría que contemplar la escalinata de la gran plaza de mármol donde decapitaron a su padre. Aunque en realidad, lo que no quería, era que la viera nadie a ella.

Se moría de vergúenza por lo que le había pasado. Todo el mundo lo sabía en Desembarco, lo sabían todo. Lo ocurrido con el hermano de la Reina, lo que le había hecho el Rey Joffrey; incluso había oído comentar a dos fieles en la sala de los siete cruceros, donde estaban los altares a de los 7, que Jaime Lannister, había ordenado ensillar a “Honor” y había desaparecido de la Capital del Reino en busca de su hermana y su sobrino  al encontrarla a ella. De eso hacía ya casi cuatro semanas.

Al principio su cuerpo se negaba a retener ningún tipo de alimento, pero poco a poco y con los cuidados de las hermanas comenzó a asimilarlos y coger fuerzas. No entendía muy bien cómo, pero cada día ganaba peso. Lo único que no se recuperaba era su habla, no había sido capaz de emitir ningún sonido desde que despertó. Ni siquiera cuando lloraba todas las noches con su pañuelo apretado contra el pecho.

 Sus días transcurrían entre mudas plegarias y las lecturas que le hacían de “El libro de la sagrada oración”; aunque cuando consiguió ponerse en pie y caminar sin sangrar, las ganas de su edad le habían podido. Había recorrido el interior del gran Septo y explorado sus rincones. Se enamoró de la sala de las lámparas en cuanto la vislumbró por primera vez y podía pasarse horas enteras mirando los globos de cristales de colores. Descubrió la cúpula de oro y cristal. Las puertas de la madre que la llevaron a conocer el convento de las septas y los peldaños del desconocido, por los que bajaban las hermanas silenciosas y que ella no se atrevió a transitar.

Esa mañana en cambio, había tenido el arrojo de salir a la luz del día. Se sentó en uno de los bancos de piedra, se apretó el cuerpo con la capa y dejó que la bañara el sol invernal mientras oía a los pájaros cantar. Cerró los ojos y durante un momento, se imaginó a salvo en su casa, saltando entre las hojas de los Arcianos, riendo y soñando un futuro para ella.

Cuando Ser Sandor Clegane se acercó y la habló, se sobresaltó.

“- Hola pajarito” le dijo con una voz menos dura de lo habitual.

Sansa le miró en silencio, recordó como él, había sido el único que se enfrentó al rey cubriéndola con su capa cuando la golpeó Meryn Trant y la ultrajaron ante todos en la sala del Trono, evocó también como el día de la rebelión del pan, la salvó de ser violada y asesinada por aquellos hombres que la habían llevado a un establo al sublevarse la muchedumbre; como la regañaba de mentira, porque en verdad, no sabía como decirla que la quería y que podía contar con él. Miró a sus ojos y notó al ver su misericordia, que lo sabía todo… Entonces empezó a llorar a gritos, llena de pena y humillación. Lloró su miedo, lloró a su padre, su deshonra...

Un quejido desolador, rompió el aire de la mañana e hizo que los pájaros levantaran el vuelo.

La norteña, comenzó a sujetarse el vientre con ambas manos, mientras le miraba sin poder parar de chillar. El perro, se acercó a ella justo cuando se desvanecía. La tomó en sus brazos y echó a correr con ella desmayada en busca de ayuda…
Continuará
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Enero 2013


martes, 8 de enero de 2013

Jaime y Sansa. Capítulo XI





Leche de Amapola


Desembarco del Rey. Atardecer. La estancia permanece casi a oscuras.

La noticia había corrido como la pólvora por la Fortaleza Roja. Cersei había sacado desnuda a Sansa Stark de sus aposentos y la había arrastrado hasta las estancias del Rey Joffrey I. Se habían oído golpes y llantos durante horas, aunque decían los que lo habían escuchado, que los lamentos finales eran peores que los gritos. Casi nadie vió como la sacaban de allí y la llevaban a que la atendiera un maestre, los pocos que lo hicieron, creyeron que la muchacha iba muerta en los brazos de los Guardias.

Cuando Jaime Lannister tuvo conocimiento de la noticia, su hermana y su sobrino ya habían abandonado el Palacio para ocuparse de unos “asuntos urgentes” en Fuente Pardo, a unos tres días a caballo de la Capital. En el castillo se rumoreaba que se había marchado para no enfrentarse a su hermano cuando se enterara de todo.

Él lo había escuchado de casualidad a unas doncellas, mientras preparaba con sus hombres una incursión en el campamento que ocupaba el joven lobo. Lo dejó todo y corrió a buscarla.

Trataron de sujetarle sin éxito cuando irrumpió en la alcoba de la Bóveda de las Doncellas; ninguna orden de ninguna Reina habría podido evitar que él la encontrase por más que la escondieran.

“- No oséis rozarme” apuntó con el dedo índice a la Septa mientras la chillaba y se acercaba al lecho de Sansa iluminado sólo por la luz de los candelabros. Cuando se sentó en el borde y observo su cara, perdió el poco color que le quedaba. Su gesto se torció.

Tenía el labio y la ceja partidos, su nariz era de color negro como sus pómulos y su ojo derecho. Bajó un poco las pieles que la cubrían y entonces vió los mordiscos en su cuello y pecho, los arañazos. La acarició con suavidad las heridas y su cuerpo dio un respingo, separó entonces la mano rápidamente y apretó las mandíbulas reprimiendo una lágrima.

“- Sería mejor que no la tocarais Ser. Le hemos dado Leche de la amapola para que no despierte aún, creemos que su cuerpo no lo podría soportar” dijo el maestre acercándose con una paño empapado en agua que colocó encima de la frente de la norteña. Jaime le escuchaba sin moverse “- Tiene rotas varias costillas y un tobillo, múltiples golpes y heridas, pero los cardenales se curarán con el tiempo; dudados del estado de uno de sus pulmones, aunque lo peor…” Se había ido horrorizando cada vez más a medida que le contaban, pero la pausa le hizo reaccionar. Levantó la vista de ella.

“- ¿Qué es lo peor?”

El maestre miró al suelo, no quería contestar.

“- ¡¿Qué le han hecho estoy preguntando?!” Rugió el Comandante.

“- Lo.. Lo peor son los desgarros que ha causado la ballesta, Ser”

Volvió a mirarla y la vió más pequeña e indefensa de lo que la había visto nunca. No hizo falta que le contaran más, inmediatamente supo lo que le habían hecho. Instintivamente la tomó en sus brazos y la cubrió lo mejor que pudo mientras le acariciaba el pelo con todo el cuidado del mundo. Se sentía impotente al tenerla cogida inerte.

Recordó aquel momento en el que sonriendo feliz, Sansa  le había dicho que un día compondrían canciones sobre ellos. Miró sus ojos cerrados, su cara destrozada y sintió que le inundaba la cólera.

“- Marchaos, yo me quedo con ella”

“- Pero mi señor, su alteza advirtió claramente que no…”

“- ¡He dicho que os marchéis y me dejéis solo con Lady Sansa! ¡inmediatamente! Y si queréis, traed a mi hermana para que sea ella quien me saque de aquí”

El maestre, agachó servilmente la cabeza y salió. Cuando se quedaron sólos. Jaime sacó de debajo de su casaca el pañuelo de Sansa, lo besó y se lo puso en la mano.

“Lo recogí cuando fui a buscarte mi amor. Te lo he traído y cuando despiertes, te traeré mil más si quieres”

La estrechó contra su pecho justo cuando ella empezó a convulsionar “¡- Que venga alguien, rápido!” . Su grito estaba cargado de pánico. El maestre y las doncellas entraron corriendo, le separaron de la pequeña y la suministraron más leche de Amapola, su cuerpo tardó un rato en parar de estremecerse. Entonces, se hizo el silencio.

Jaime se acercó de nuevo a su lecho, besó sus labios con suavidad y salió de la habitación con la intención de encontrar a su hermana Cersei y matarla…
Continuará
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Enero 2013

viernes, 4 de enero de 2013

Jaime y Sansa. Capítulo X













La Reina

Interior estancias Sansa. Noche cerrada. Arde un débil fuego.
Giró sobre si misma para aun sin levantarse, poder mirar por los ventanales de arcos ojivales, las vidrieras se encontraban abiertas, los cortinajes de terciopelo granate caían pesados a los lados. Debía ser la que Lord Tywin llamaba la hora del lobo, la más oscura de toda la noche, cuando todos los secretos se podían guardar. Tenía su pañuelo, arrugado en la mano.
Hundió la nariz entre los almohadones y sonrió, todavía persistía el aroma de sus cuerpos, se olió los brazos, allí también estaba. Jaime acababa de marcharse, en su piel,  permanecían los restos de su sudor y en su interior, su semilla. Ella jamás llegó a pensar siquiera que se pudiese estar tan enamorada de alguien como para yacer con él sin haber pronunciado ningún tipo de voto matrimonial, eso no ocurría ni en las canciones, ni en las historias de la Vieja Tata; pero en verdad, le daba igual. Lo único que era cierto en su vida era él y cuando le tenía cerca, el resto del mundo no existía. No quiso pensar que a lo mejor, en verdad ya no tenía más mundo fuera de Desembarco del Rey.
Hacía varios días desde su primera vez y habían vuelto a verse en muchas ocasiones desde entonces, se buscaban tras columnas, en los aposentos de él en la torre de la Espada, incluso en la Sala del Trono.. El Lord Comandante, la visitaba todas las noches desde aquella mañana en el Bosque de los Dioses y durante las horas que compartía con ella, era capaz de tomarla varias veces y transportarla más alla de cualquier placer que hubiera podido soñar que existiese. Después, sosteniéndola en sus brazos, esperaba a que ella se durmiera contándole historias de dragones y Reyes antiguos; sólo entonces se marchaba. Algunas veces Sansa se fingía dormida, como había ocurrido hoy, para que él se pudiera ir con libertad. Luego, le pensaba y no era capaz de conciliar el sueño hasta que rompía la mañana.
 Al principio de esos encuentros, se había mostrado torpe al amarle, asustada como los ciervos que abatían su padre y sus hermanos allá en Invernalia.. Pero poco a poco, estaba aprendiendo a satisfacerle, lo notaba. Se hacía mayor, tenía más de 14 días del nombre ya... Que lejos quedaba su casa y su pasado en ese momento. Se negó a enfrentarse a ello.
Como los Dioses Antiguos la habían traído al mundo, se acurrucó sobre si misma olisqueándose otra vez. Las puertas se abrieron en ese instante. Levantó la nariz y se volvió.
Sin mediar palabra la Reina se dirigió hacia ella, la escoltaban una Doncella, que era la que custodiaba su puerta y no se atrevió a mirarla y también dos Guardias Reales. La destapó dejándola desnuda a la vista de todos.
“- Ahora te exhibes guarra” dijo mientras Sansa trataba de cubrirse. De un tirón violento le arrancó las pieles con las que se protegía y las lanzó al suelo rajadas e inservibles. Cersei olfateó su cuello y sus pechos, le clavó las uñas en uno de ellos hasta hacerle heridas y le soltó un primer golpe. La mejilla de la pequeña empezó a palpitar e hincharse, un hilo de sangre salió de su boca. Sin previo aviso la abrió de piernas, introdujo de manera brusca dos dedos en su sexo y los acercó a su nariz. La pelirroja tardó un segundo en comprender lo que Cersei buscaba. Volvió a abofetearla mirándola con desprecio “- Espero que al menos haya tenido la suficiente cabeza para daros té de la luna”. No tuvo tiempo de taparse la cara. Los puñetazos empezaron a caerle por todas partes. Los Capas y la doncella que acompañaban a la Reina, tuvieron la cortesía de hacer que no estaban allí.
Cuando la agarró del pelo y la tiró al suelo, notó un dolor sordo en las rodillas y sintió que se la despellejaban… “- Puta, puta, puta” repetía mientras la sacaba de allí arrastrándola. Su pañuelo, el que Jaime la cogió en las clases de bordado, quedó tendido junto al lecho.
Mientras recorrían los corredores, el frío, el miedo y la vergüenza le impedían reaccionar “- ¿Dónde la llevaba?” “- ¿Qué la iba a hacer?”… su cabeza iba a toda velocidad. Sus pensamientos  palpitaban junto al siseo del vestido de Cersei al caminar “- No quise escuchar, no quise creer… No era posible… Jaime… No teníais bastante con que vuestro padre y vuestro hermano fueran traidores, además teníais que llevar la deshonra a vuestra familia al aparearos como una vulgar ramera” escupía odio al hablar. Ella no se atrevía a negarlo “- ¿Dónde me lleváis alteza?” dijo con un hilo de voz la muchacha. “- A ver al Rey Sansa; a verle y a hablar con él”. Ella rompió a llorar al recibir una nueva patada en las costillas.
Continuará
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Enero 2013


lunes, 31 de diciembre de 2012

Jaime y Sansa. Capítulo IX



El Roble
Amanece en el Bosque de Dioses de Desembarco del Rey. La bruma lo envuelve todo.
Los círculos que dibujaban sus zapatillas, se quedaban marcados de forma delicada en la arena. Los modificaba con la punta una y otra vez desde hacía un buen rato. La pequeña Loba, estaba sentada a los pies del árbol corazón de la Fortaleza Roja. Era un roble, no un Arciano como los de Invernalia, pero para rogar valía de sobra; o eso se obligaba a creer.
La Fortaleza entera se encontraba preparando las comidas y recepciones, que festejarían el comienzo de las justas, que iban a celebrarse en la Capital de los 7 Reinos. Había conseguido escaparse a rezar, porque esos días nadie se preocupaba por ella; todos tenían obligaciones que atender. Lo que era mejor, porque así podía respirar tranquila.
Había hablado con el árbol con solemne sinceridad, sobre sus anhelos, y se había vuelto a lamentar por haber confiado en Cersei. Se cubrió la cabeza con la capa. La hundió entre las rodillas, se meció a si misma abrazándose las piernas y lloró en silencio.
Jaime no sabía muy bien que le había conducido al bosque a esas horas de la mañana. Ni siquiera rezaba a los Dioses Antiguos, en realidad, hacía mucho que ya no rezaba a ninguno "Los Dioses nos abandonaron en el comienzo de la Edad de los hombres" -pensaba-. Sus pies aplastaban las hojas al caminar y de un modo extraño, aquello le relajaba.
La vió de lejos, estaba acurrucada contra el tronco del centenario roble, se acercó a ella sin pensarlo siquiera. El corazón se le aceleró.
"- Lady Sansa" le hizo una caballerosa reverencia.
"- Ser Jaime" sonrió y el rostro se le iluminó como se ilumina el firmamento con las lluvias de estrellas..
El Lannister se arrodilló junto a la Stark y le apartó el pelo de la cara, aprovechando para acariciar su mejilla con dos dedos, ella se estremeció al leve contacto, sin poder apartar sus ojos de los de él.
"- ¿Qué hacéis aquí sola y llorando?" La limpió las lágrimas con la mano.
"- No lloraba, he venido a rezar" -mintió- No quería contarle ni a él ni a nadie los miedos que la acechaban, las penas que le llenaban el alma. Y en realidad, mucho menos a él. A él sólo quería tenerle cerca.
"- Jajaja. ¿Por qué siempre tratáis de engañarme Sansita? ¿No os dais cuenta de que no podéis?" se sentó a su lado sin reprimir las carcajadas y ella rió con él.
"- No quiero mentiros en verdad, pero es que me sale sólo. Yo.. Rezaba por mi hermano -reconoció- , pero no se lo digais a la Reina por favor" Bajó la mirada al suelo y de nuevo dibujó con la punta del pie sobre la tierra. La ausencia total de malicia hacía más entrañable su confesión.
"- No lo haré preciosa. Te doy mi palabra de honor". Se quedó mirándola y le echó la capucha hacia atrás.

"- ¿Palabra de Guardián de Occidente?" Hizo una cruz con los dedos, la besó y la llevó a los labios del Capa Blanca. Él imitó el gesto "- Palabra de Guar.. jajaja. Palabra, de verdad"
Los dos oyeron los pasos a la vez. Jaime le indicó que actuara con sigilo, la tomó de la mano y la escondió divertido con él tras un grupo de árboles mientras el sonido se alejaba. Aún un rato después de que se apagara cualquier ruido, él no la había soltado de su abrazo. Sansa le miró y se alzó de puntillas, para acariciar su pelo, su frente, sus labios; se acercó más a él y por primera vez tuvo la iniciativa de besarle en vez de ser besada. Lo hizo muchas veces. Torpe y sin práctica, mimó cada una de las zonas que rozaban sus labios. "- No escapamos todo el rato Ser" se tapó la boca al sonreír.
Jaime correspondió a las risas y los besos, primero con cariño, después con pasión. Tumbó a la pelirroja entre las hojas y se tendió encima de ella. "- Sansa, me turbas, me vuelves loco... Soy incapaz de controlarme cuando estoy a tu lado, por las noches, sueños con tus labios, tus perfectos labios" Se los mordisqueó, mientras a ambos se les aceleraba la respiración. Le abrió con celo la parte de arriba del vestido y comenzó a besar su cuello y su pecho, blanco, pequeño y suave.
Algo dentro, le decía que parase, que no debía hacer aquello, pero no estaba dispuesto a escuchar esa voz interior, no al menos, en ese momento.
Sansa emitió un pequeño jadeo al notar sus labios sobre su piel y echó la cabeza ligeramente hacia atrás. No debía estar allí, con un hombre, que no era su esposo y además, era enemigo de su sangre, pero no se hubiera marchado por nada del mundo.
Cuando él, subió su vestido y empezó a acariciarle los muslos, ella solo se abrazó a él sin pensar.
El Comandante de la Guardia Real le agarró con suavidad las extremidades y se acomodó entre ellas. Se obligó a detenerse un segundo: "- ¿Quieres que paremos ahora Sansa? porque si sigo, ya no voy a ser capaz de hacerlo" besó sus párpados con cuidado. "- Yo no quiero parar -susurró ella con tono asustado- pero.. Suave ¿vale?" . "- Te lo prometo, mi amor" No hizo falta más. Él, la besó de nuevo con ternura y se olvidó de todo lo demás. "- Jaime..." musitó la Norteña.
Las alondras les acompañaron, entonando cánticos celestiales por haber sobrevivido a la noche. Con ellas, también estaban escoltando su encuentro, unos ojos escondidos..
Continuará
...
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Diciembre 2012



jueves, 27 de diciembre de 2012

Jaime y Sansa. Capítulo VIII


El León


Interior dependencias Jaime. Torre de la Espada. Anochece en un cálido Desembarco.

Sobre la mesa del Lord Comandante descansa el "Libro blanco" abierto en la página que perteneció a Ser Barristan Selmy... Tinteros, plumas... Pergaminos se aglomeran irremediables en una esquina, cartas, reclamaciones, quejas,  más reclamaciones. A un costado del escritorio, descansa "Guardajuramentos"

Jaime se recostó en la silla y se frotó los ojos y las sienes. A veces, todo pesaba demasiado, no sabía que camino tomar, qué era lo correcto decidir en cada circunstancia. Sentía que sería mejor si todo le importase una mierda.
Una vez en su vida, había mirado sin pensar en las consecuencias por el bien común, y justo, ese único acto de bondad, era la mayor ignomínia que pesaba sobre sus espaldas. Se sintió cansado. Cerró un momento los ojos.

"- Ya me anuncio yo" La inconfundible voz de Cersei llegó a sus oidos y entró cargada de una extraña dulzura. Allí donde se encontraba, en esa dimensión cercana al sueño, evocó los días de juventud en casa, cuando tras morir su madre, ya nadie pudo separarlos. Abrió los ojos y la contempló, mirándole, ante el fuego.
Su pelo brillaba más que todo el oro de Roca Casterly junto; serena y envuelta en seda azul. Le sonrió.

"- Cersei" amagó una reverencia sentado. Juntó las yemas de los dedos y ladeó la cabeza hacia su hombro derecho. La Reina, permeneció quieta

"- Jaime"

"- ¿A qué se debe este honor hermana?"

"- No sabía de debiera existir algún motivo"

"- Por supuesto que no tiene por qué haberlo"

"- Me alegra oírlo"

"- Cersei por favor... ¡Ja ja ja ja! Que no tenemos 15 años. Dime qué quieres" Lanzó una de sus sardónicas carcajadas, una de esas que conseguía que ella se estremeciera.

Por un segundo dudó si mostrarse vulnerable ante él. Llevaba unos meses muy duros, en los que todo el mundo se atrevía a juzgar cada una de sus decisiones, -"Como si fuera tan fácil tomarlas"-.
Robert, no se lo había dejado nada fácil; Joff iba de error en error y ella había escuchado cosas a través de los Pajaritos de Varys sobre su hermano, que habían pasado de ser una mera molestía a una profunda preocupación.

"- Sólo quería verte Jaime. Sólo... -Se rindió- Sólo quería que me abrazarás y me acariciases el cabello mientras me susurras que todo saldrá bien, sólo quiero que me beses y me lleves contigo a tu lecho... Sólo necesito, que me quieras"

Se acercó despacio a él, que no se había movido de la silla.

No sabía muy bien que hacer, por un lado había empezado a querer de un modo irracional y desesperado a Sansa, pero por el otro, Cersei había sido.. Era... Bueno, en realidad, ya no... Su gran amor.

Habían descubierto el sexo y el placer en mil formas diferentes juntos. Había muerto de celos cuando la prometieron a Robert. En la mañana de su boda, se había follado a su hermana hasta la extenuación para no pensar en que por la noche, ese bastardo estaría dentro de ella. Después, juntos habían tenido hijos a los que él no había podido querer más que como un tío. Pero esa noche... Ella... Estaba preciosa, casi inocente. "- Ven aquí" le dijo con suavidad. Cersei se acercó con un suspiro profundo y se refugió en su regazo. Besó su pecho repetidas veces, lo olió, "Jaime Jaime Jaime".

Él la estrechó en sus brazos y su piel reconoció inmediatamente la proximidad de ese cuerpo que encajaba perfectamente con el suyo desde antes incluso de nacer. Notó como su miembro se endurecía al mismo tiempo que lo percibió ella; cuando le miró y buscó su boca con desesperación, él la mordió los labios.
Se observaron un segundo más, y se vieron como si no hubiera pasado el tiempo y siguieran despreocupados en la Roca. Cersei rozó su cara con la nariz.

Jaime cerró el "Libro blanco", la tomó en brazos y la llevó al lecho mientras sonaban en la noche ya estrellada de la ciudad, los cantos de los mirlos.




Continuará
...




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Cristina Solano
Diciembre 2012.

ropadeletras... ropita, para los amigos




lunes, 17 de diciembre de 2012

Jaime y Sansa. Capítulo VII



El balcón
Interior alcoba Sansa. Atardece en Desembarco del Rey

Entró haciendo el menor ruido posible, si no le hubiera parecido tan absurda la situación, se hubiera reído a carcajadas. También le frenaba, el hecho de que Myrcella y la Septa, durmieran al lado de Sansa en la hora del descanso.

Había sobornado a la doncella de siempre, la que vigilaba las puertas de los aposentos por la noche y le permitía el acceso esas veladas en las que tras un día duro en la Fortaleza, se sentaba a relajarse viéndola dormir.
Se acercó despacio a ella, agradeciendo a los 7 que estuviera en el borde del lecho; la Septa separaba a las muchachas para que no se rozaran, "- Estúpida vieja remilgada" pensó el Lord Comandante, "las arruináis la vida con cuentos y mentiras".

Cuando se agachó a menos de un centímetro de la muchacha quitó un mechón de pelo de su cara y le susurró: "- Sansita", la pequeña arrugó un poco la nariz al notar las cosquillas pero siguió dormida. Jaime volvió a coger el mechón y acarició de nuevo su pálida mejilla con él "- Sansa, eh" repitió divertido; ella se llevó la mano a la cara como espantando algo, aún en brazos de los Dioses Antiguos.
No pudo contenerse un segundo más ante esa imagen de inocencia y se acercó todo lo despacio que pudo a su boca, besó sus comisuras repetidas veces, el centro de sus labios; se quedó ahí, cerrando los ojos y repitiendo su nombre... Mientras él se perdía en sus besos, la pequeña Norteña se fue despertando; cuando hubo tomado conciencia de lo que estaba pasando, le devolvió torpe uno de ellos. Jaime abrió entonces los ojos.

Le sonrío y él la tomó de la mano, hizo un gesto para que le siguiese; la chiquilla bajó descalza del lecho y cogió su capa de lana gris con el Huargo de Invernalia bordado a la espalda. Le siguió con el corazón luchando por escapar de su garganta.

El capa la llevó hasta la terraza, desde donde dominaba la vista del aguas negras. Atrajo a la pequeña hacia si y se sentó en un banco. Un pájaro alzó el vuelo.

" - ¿Cómo estáis Lady Sansa? ¿Os siguen doliendo las rodillas?" "- Bien Mi Señor. Ya casi nada" contestó la pequeña mientras se las frotaba. Él le puso una mano encima de una de ellas.

Desde aquel beso junto a la columna se había vuelto loco deseando volver a estrecharla en sus brazos, de hecho, era tal su lujuria, que llevaba dos noches visitando a su hermana y yaciendo de un modo desesperado y casi animal con ella, para poder templar los nervios. Y su hermana tampoco se había quejado, llevaba ese par de jornadas sujetando a Joffrey con sus demencias en las audiencias; tan relajada, que incluso en algunos momentos parecía humana.

Volvió a mirarla a los ojos, se acercó a ella, subió ligeramente su vestido y besó su rodilla derecha. "- Si hago esto ¿os duele menos?" le dijo seductor. Ella asintió mientras le inundaba la emoción. Jaime de la casa Lannister, para ella el único señor de Roca Casterly besaba sus rodillas. Llena de candidez suspiró y perdió el poco aire que le quedaba dentro. Se mareó.

El comandante de la Guardia Real la sujetó con delicadeza, sonrió y comenzó a rozar su labios con los de ella, lentamente al principio y ganando en pasión al oír respirar a la pequeña de forma entrecortada. "- ¿Y así os duele menos aún?". Ella volvió a confirmar.
La cogió en sus brazos y se apretó contra su pecho frágil y pequeño. "- No paro de pensar en vos Sansa. No quiero que os rocen, no quiero si quiera que os miren... Nadie" Sin parar de besarla un segundo acarició su pelo, "- Y yo Ser, no lo puedo evitar, quiero veros todo el tiempo y sueño que... Sueño" Por un momento clavó la vista en el suelo avergonzada, él levantó su barbilla riendo y le preguntó: "¿Con qué soñáis vos mi Pajarito?"

"- ¡¿Sansa dónde estáis?!" La voz de Cersei lo llenó todo, Jaime miró a la pequeña, había palidecido, se llevó el dedo a los labios indicándola que permaneciera en silencio, ella asintió asustada ¡SANSA Por los 7 infiernos! Bramó la Reina. Sus pasos se acercaban inexorables.

En un segundo Jaime había saltado al balcón contiguo y su capa ondeando desaparecía por las puertas de los aposentos al que correspondía. Cersei entró al balcón. "- Y vos ¿Por qué no contestáis? estúpida" Miraba hacia todas partes inquisitiva. "- ¿Estáis sóla?" Sansa asintió en pánico "- Sí mi señora" "- Alteza, palomita, no lo volváis a olvidar. Llamadme Alteza" Guardó silencio un segundo, pensando. Retornó desconfiada y apretando los puños al interior, justo cuando salía la Septa.
"- Lady Sansa, ¿Cómo se os ocurre?, aquí sola y descalza en vez de estar descansando como una Dama... Acabaréis matándome de un disgusto" se arrodillo para calzarle las zapatillas "- ¿Qué hacíais?" . La pequeña se encogió de hombros sonriendo y dijo dulce "- Nada"


Continuará
...

Fanfic Jaime y Sansa
personajes y lugares propiedad de G.RR.Martin
Cristina ropadeletras
Diciembre 2012






jueves, 6 de diciembre de 2012

Jaime y Sansa Capítulo VI


El beso


Llevaba el vestido de lana gris plateada agarrado con las manos mientras corría, llegaba tarde a sus clases de costura y no quería que la regañaran de nuevo; últimamente se presentaba con retraso a todas partes, menos a los requerimientos de Joff, ahí jamas se habría atrevido a hacerlo ni un segundo. Y en los postreros días la llamaba un montón de veces a su lado, después no la hablaba; la mantenía sentada en un rincón mirándole hacer audiencias e incluso asearse. En esas ocasiones, ella clavaba la vista en el suelo y rezaba para que él se hartara pronto de tenerla allí.
Iba tan ensimismada en sus pensamientos, que no vió al criado ni la bandeja que llevaba, ambos cayeron y las ciruelas, el pichón con cebollas y piñones, el vino, la mantequilla y los panecillos recién horneados rodaron por el suelo.
"- Ay perdone, dijo Sansa muy azorada, ha sido culpa mía, no miraba por dónde caminaba". El criado hizo reiteradas reverencias y comenzó a incorporarla "- No no, disculpe usted Lady, yo yo... Ha sido sólo culpa mía" "No, no de verdad ha..." La pequeña no terminó la frase. Como de la nada había aparecido Ser Jaime, que levantó con una sola mano al sirviente y lo estampó contra la pared. Bramó encolerizado.
"- ¿Qué le has hecho bastardo? ¿Como osas si quiera tocarla? Como Lady Stark haya sufrido el más mínimo daño, juro por los 7 que os arrancaré la lengua y las tripas y después cortaré vuestra cabeza y se la echaré de comer a los perros" Le soltó contra el suelo y de un puñetazo le partió la nariz. Sansa se asustó y trató de frenarle; justo en ese momento, recibió el impacto de su codo y chocó otra vez contra el piso. "- Ay"
Jaime se giró y la vió tirada en el suelo, el lacayo aprovechó para huir con las pocas fuerzas que le quedaban y la nariz sangrando.
El Lord Comandante se agachó y la cogió con suavidad de los brazos "¿Estáis bien pequeña?" su tono de voz, había cambiado radicalmente, ahora se le escuchaba preocupado "-¿Os he hecho daño?"
Sansa negó con la cabeza, la dolía todo, pero no estaba dispuesta a reconocerlo "Yo.. Yo estoy bien. Gracias Ser" Miró al suelo y notó como un calor extraño le subía por todo el cuerpo y se le instalaba a modo de rubor en las mejillas. Jaime sonrió, soltó una carcajada y clavó sus ojos en ella "- Mientes cada vez peor Sansita" la depositó con cuidado contra la columna y comenzó a acomodarla el pelo "-Jamás vi a nadie que mintiera tan mal pajarito" sus carcajadas se le contagiaron a la pequeña, que dolorida hasta el último músculo, se sujetaba el vientre al reir.
De pronto, observándola feliz y risueña, Jaime dejó de reirse y la miró muy serio, silencioso. Con un dedo rozó su mejilla, sus párpados, su nariz... Sus labios. Sansa ni siquiera se movía, no era capaz, mil mariposas recorrían su estómago mientras el alma le subía a la garganta y el aire se le escapaba del pecho. Él, hundió la mano en su pelo y la atrajo sujetándola con sumo cuidado la nuca, tuvo que agacharse para besarla, notó como temblaba. "¿Quieres que te suelte Sansa?" preguntó él con suavidad, ella negó despacio con la cabeza. Jaime se acercó a sus labios de nuevo y los beso varias veces, con mucha ternura. Pero hubo un momento en que no pudo contenerse más y la estrechó contra su cuerpo; sus besos comenzaron a ser más vehementes, no se atrevió a buscar su lengua pero sí acarició su espalda , mientras le clavaba los dedos.
Sansa estaba en otro mundo, en una canción; no existía nada más. Sentía que se le doblaban las rodillas, que se moría allí mismo, su cuerpo se revelaba sólo contra su cordura y su honra; tiritaba y sin poder evitarlo emitió un leve gemido.
El Capa blanca buscaba su cuello para besarlo, cuando oyó la voz.
"- Ejem... perdón... Lord Comandante" Jaime levantó la cabeza dispuesto a matar a quién le hubiese interrumpido, cuando se encontró con la enigmática mirada del consejero de la moneda. "... Siento importunar, pero la Reina os busca con premura mi Señor" Baelish miró a la pequeña, que aún estaba entre los brazos del heredero de Roca Casterly, al suelo lleno de restos de comida y la ausencia de criados. Ella reaccionó.
"- Yo... Yo, es que me he caído y Ser Jaime me estaba ayudando a incorporarme" Jaime Lannister la soltó, aunque tuvo que darla la mano para que no se volviera a dar contra el suelo. Lord Baelsih contestó sonriendo "Por supuesto Lady Sansa, ha sido una suerte que andará cerca y os evitara un mayor percance. Espero que os encontréis bien". Jaime ya estaba a su lado y sólo dijo "- Vamos, no hagamos esperar a mi hermana; nunca la gustó hacerlo".
La Norteña rezó para que él volviera una última vez la cabeza, que la mirase, que la sonriera; no lo hizo. Los vió torcer juntos la esquina y desaparecer con el sonido de sus pasos. Se tocó los labios un segundo, se recogió el vestido de nuevo y echó a correr cojeando.
Continuará
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Cristina ropadeletras
Noviembre 2012

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Jaime y Sansa. Capítulo V


Leones
Interior Castillo Noche. Aposentos de Jaime. El fuego ilumina la estancia.
Llevaría ya unos cinco minutos sentado en silencio, cuando por fin volvió a dirigirse a él. Cersei le había observado en una sepulcral mudez mientras se quitaba la armadura y el jubón. Al sentarse frente a su mesa llena de planos y papeleos de la Guardia real. Esperó hasta que estuvo quieto del todo. Sin escapatoria. Entonces, le habló.
"- ¿Quieres una copa de Rejo? Jaime" Le revolvió el flequillo mientras se lo decía "- Por supuesto hermana". La palabra hermana se le clavó en las entrañas, pero lo disimuló ante él. Sirvió y le tendió la copa, la suya propia la rellenó de nuevo. Él la cogió sin decir nada y bebió.
"Llevas días desaparecido Jaime, sin venir a buscarme... -Dió un sorbo majestuosa aunque algo ebria y se volteó hacia el fuego. Llevaba horas bebiéndo, esperándole; haciendo crecer su veneno. Su vestido de seda azul con bordados de plata, empezaba a axfisiarla- .. Aunque si lo medito bien, no sería justo decir que has estado desaparecido, no. Porque se te ha visto poniéndote en evidencia por todo el castillo tras esa aldeana... La hija del traidor a tu rey -Clavó su vista en él- Tu Rey Jaime... Joffrey, quién por el momento es su prometido además... Así que en este punto, por tu bien y sobre todo por el de la palomita; te prohibo terminantemente que vuelvas a acercarte a ella; porque a Joff, no le costaría mucho castigarla por descarriarse - Sonrió e hizo que pensaba- Ya tiene cerca la sangre de la luna ¿no? - continuó de nuevo fría, sin apartar los ojos de él- Pero comienzo a dudar de si tiene la clase suficiente para desposarse con mi hijo. ¿Tú qué piensas Jaime? ¿Tiene clase esa fulana? - No esperó su respuesta-  De hecho, he empezado a barajar seriamente la posibilidad de casarla mejor con Tyrion; a él, siempre le gustaron las putas y las Vírgenes... Se pondría muy contento en cualquier caso"
Hasta ese momento, Jaime había aguantado estóico viendo los celos de Cersei, hasta tenía un matiz divertido; pero cuando imaginó a su hermano sobre la pequeña, un veneno le nubló y no pudo dejar de evocarse a si mismo matándole a él primero y desflorándola a ella después, en el mismo lecho de bodas. Súbitamente tuvo una erección. Cersei notó como aumentaba el volumen de su entrepierna y se le estiraba la tela del pantalón.
"- Vaya. Lord Comandante. Veo que aún os alegra mirarme. Ja ja ja" Se dirigió a él tirando sin mirar la copa al fuego y se sentó a horcajadas sobre su hermano. Comenzó a besarle, a lamerle y morderle la boca apasionada mientras le abría el pantalón. "Sabía que no puedes ser de otra. Pase lo que pase"
Jaime se sentía turbado, cada vez que cerraba los ojos, imaginaba la boca y las manos de Sansa sobre él y se agitaba aún más; agarró las nalgas de su hermana y la izó para facilitarle el movimiento. La leona, se apartó las enaguas para sentarse encima de él. Emitió un gemido gutural cuando le tuvo dentro.
Esa noche, Jaime la poseyó como nunca antes; mancilló todas y cada una de sus sendas, haciéndola arder como si atravesara su carne con acero valyrio. La llenó con su semilla siete veces, con violencia y lujuria; una por cada uno de los Dioses a quién habían rezado siempre y a quienes faltaban desde hacía tanto. Y lo hubiera hecho veinte veces más, si hubiera tenido más horas la noche.
Cuando amaneció estaban exhaustos mirando al techo, Cersei se levantó de su lado y se vistió sin mirarle siquiera. "Voy a buscar Té de la luna -le dijo al dirigirse hacia la puerta- No me apetecería un disgusto justo en este momento". Se marchó dejándolo sólo.
Jaime se estiró bajo las pieles, por fin relajado. Cuando bajó las defensas y no luchó más contra ello, su mente fantaseo como había ocurrido toda la velada, con la cara y el cuerpo de la pequeña pelirroja en sus manos... Volvió a sentir una erección.
Continuará
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Fanfic inventado
Los personajes y lugares pertenecen en exclusiva a:
 G.R.R. Martin
Cristina ropadeletras
Noniembre 2012

domingo, 25 de noviembre de 2012

Jaime y Sansa: Capítulo IV



Sansa Stark Tully


Se encogió de hombros risueña y arrugó la nariz sonriendo, la Septa no daba crédito al desinterés de la muchacha; reirse al fallar.
Llevaba unos días ausente, estando sin estar. Pensó, que ya le andaría cerca la llegada de la sangre de la luna y no le dio más importancia; teniendo en cuenta lo que padecía la criatura desde que se asentó en Desembarco del Rey, bastante bien estaba. Bajó la mirada a su labor y continuó hablando para nadie. "- En aquellas justas fue revelado a los 7 reinos, el valor de Ser.."
Sansa por su parte, vivía como cuando aún era verano y ella era una firme creyente de las historias de caballería que le contaba su propia Septa, cuando sus ojos suspicaces se abrían mucho. En su cabeza volvían a resonar las canciones que se había esforzado tanto en aprender de pequeña y en olvidar en los meses pasados.
Pero todo cambió en el momento en que entreabrió los ojos en la cama de la cámara de su padre y le vio a él de espaldas en la ventana, cuando se sentó a su lado, apoyó la mano en la cama y la miró sonriente.
Incluso la había cogido en sus brazos, eso no lo recordaba, pero se lo había contado su doncella y ella se lo imaginaba perfectamente. Moría ante esa imagen.
Desde entonces su cabeza no había parado ni un sólo segundo, ni siquiera le había costado recibir órdenes de Cersei o Joffrey, ni siquiera de los Capas Doradas, las había cumplido sin fatiga. Existía él, por fin existía él, cuando ya todo le decía que era mentira, que era imposible ser feliz como en una canción, él la miró, y se quedó sin aire en el pecho.
Le buscaba constantemente con la mirada allá donde estuviera. Sólo habían vuelto a hablar una vez, bueno, sólo habló él, pero no importaba. Fue cuando él vino a visitar a Myrcella a las clases de costura y a ella le dijo que su pañuelo era muy bonito y lo tocó, ¡Jaime tocó su pañuelo! y desde ese preciso instante, ella no se había vuelto a separar de él, hasta lo ponía en la almohada para dormir a su lado, se imaginaba que la tela olía como él y la rozaba con su nariz.
Soñaba, que tenían una mansión en Antigua o en cualquiera de las Ciudades Libres, lejos de todo y de todos, un sitio donde no había guerra, odios ni recuerdos. Un lugar, donde siempre fuera verano. Tendrían 5 hijos: Stannis, Victarion, Robb, Edmure y Arya. Y serían muy felices.. Y estarían dándose besos todo el rato, hasta el fin de los tiempos.
No hubiera salido de su ensimismamiento si no la hubieran zarandeado. "Chiquilla. Volved. Daos prisa, Su Majestad el Rey Joffrey quiere veros inmediatamente en sus aposentos". Myrcella la miró seria y los ojos de Sansa, acuosos y asustados, se encontraron con los de su futura cuñada un instante, antes de levantarse y salir apresurada..
Fanfic invento personal
Personajes propiedad de George RR.Martin
Cristina ropadeletras
Noviembre 2012


jueves, 22 de noviembre de 2012

Jaime y Sansa Capítulo III


Celos


Dormitorio en el castillo. Sansa duerme en el lecho. Arde una luz.

Jaime la mira por última vez y sale sin siquiera fijarse en la criada que la acompaña día y noche al cruzarse con ella; las últimas, mientras él la observa dormir, antes de retirarse, ella espera en la puerta, vigilando a cambio de un dragón de oro y una amenaza de muerte. Recorre los pasillos del castillo camino a sus aposentos, se revuelve los cabellos tratando de aclararse las ideas. Volviéndose loco.

Desde el momento en que Cersei entró hecha un basilisco en la cámara de la mano buscándole, las cosas habían ido demasiado rápido. Tras la gran pelea que tuvo con su hermana, no se habían encontrado más y lo prefería, no le apetecía estar cerca de ella, no sabía por qué; o no quería saberlo.

Se había descubierto cien veces espiándo a Sansita, nunca antes se había fijado demasiado en ella, pero era elegante, muy guapa, con esa melena pelirroja, esos pómulos marcados, la piel clarísima, alta. Jamás le interesó nada de esa muchacha de Invernalia; los norteños eran sucios paletos. Pero en las jornadas anteriores la había observado en sus clases de canto, baile, moda, protocolo... Mierdas que le enervaban al sentirse dependiente, pero no podía evitar repetir desde la noche en que la cogió desmayada y la acostó... Hasta se había acercado a comprobar las evoluciones de su sobrina Myrcella en sus clases de costura, sólo porque sabía que la iba a ver a ella bordando a su lado. Le gustaba observarla mientras bordaba.

El día anterior incluso, había enviado a un "Capa Dorada" a una misión horrible en el muro, sólo por haber -como el consideró- clavado su vista en ella más de lo necesario. Recordó a Otelo, porque "quiso estar años matándole". No soportaba que la mirasen, que la hablasen; se le partían las entrañas cuando la veía reir con las otras Damas de la corte y no era él quien provocaba su risa.

Se sentía como el Moro de Venecia recitando "Líbrame, oh señor, de los celos; es el monstruo de ojo verde que se burla de la carne que se alimenta" 

En más de una ocasión, sus miradas se habían encontrado y ella siempre sonreía y bajaba los ojos, pero después, levantaba la vista de lado y le arrugaba graciosa la nariz, en esos momentos, tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no apartar a todo el mundo de ella a empujones, tomarla en sus brazos y llevársela a cualquier sitio donde estuvieran a solas y besarla el resto de sus días. Cuando Sansa le sonreía, se le iluminaba la cara como a un imbécil. Lo había notado, él y quienes le rodeaban.

Llegó a sus aposentos, mientras se desabrochaba la armadura. Abrió la puerta y la vio fijada en el fuego, se quedó paralizado, ella le escuchó y se volvió. "- Jaime, tenemos que hablar" dijo su hermana llena de peligrosa serenidad..


Continuará
...



Fic invento total personal
Personajes propiedad de Martin

Cristina ropadeletras
Noviembre 2012
#PonienteEspaña