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martes, 23 de junio de 2015

La terapia Visa







Hubo un tiempo en mi vida en que abusé de ella; como cualquier otro tipo de adicto abusa de lo que sea que le toque abusar. Buscaba la evasión a través de las compras. Anduve perdida. Ya no, al menos ya no tanto. Hace años que sé que el comprar cosas no cubre otras carencias, en realidad es posible que supiera hasta en aquel momento que nunca lo hizo, es sólo que entonces no lo quería ver, o no podía. Era una ilusión igual de ficticia que la de las drogas.

Lo más que hago ahora es, de vez en cuando, pegarme hartones de comprar libros; acumular lecturas. Me gusta ver montones de libros en la mesilla; bueno, si soy honesta me gusta tener libros por todas partes, pero abrir los ojos y verlos a mi lado, me da mucha paz.

Con la ropa, los complementos, o las joyas no es igual. Sí sigo comprando de vez en cuando, pero ya no me miento ni tapo huecos con ello; sé que por tener más o menos movidas no voy a ser más o menos feliz. Por no hablar de que ya no me meto en averías económicas. Nunca olvidaré el año que me medio jodí la vida con una Visa comprando bolsos de Jimmy Choo. Tiene su glamour, sí, pero es un putadón.

Si lo pienso, apenas los uso, igual que los de Loewe; de hecho, muchos los he regalado, otros los perdí en préstamos, y el caso es que ni me importa, no los echo en falta... con un matiz, hay uno que sí, que era mi favorito, mi icono, de cuero suave negro y con tachuelas. Se lo dejé a una amiga.
Imagino que sería cosa del destino; ella se separó en esa época, y por motivos que no vienen al caso porque atañen a su privacidad, tuvo que salir de casa casi con lo puesto. Su ex le tiró el armario entero a la basura antes de que pudiera volver a recogerlo, mi bolso estaba allí. ¿Qué la voy a decir? Ella perdió más, lo perdió todo. Aunque ganó más todavía, su libertad.

Quiero creer que alguien fue súper feliz encontrándose mi Jimmy Choo en un contenedor. Es mi consuelo. Da igual, las cosas sólo son cosas. El alma se tranquiliza mejor de otras maneras, esa es mi experiencia.

La terapia Visa. Una de las grandes mentiras de nuestra sociedad, como tantas otras.

Que tengan ustedes muy buen día.

2 comentarios:

Lola Ce dijo...

Ojo con los hartones de libros, que a una que yo me sé un día se la van a comer :)

Cristina dijo...

Jajajajaja, es posible. ¿Sabes? Cuando era pequeña decía que iba a casarme con un librero papelero para tener todos los libros y bolis del mundo; soñaba con vivir dentro de los libros. A veces creo que me quedé ahí. Millones de gracias por leerme y por tus comentarios. :))