Por Cristina Solano
Dos años antes de que una tendencia se extienda a nivel mundial por las calles, alguien ya sabe que esto va a ocurrir.
¿Quién es ese alguien?, ¿Cómo se hace para que nos consideremos únicos, siendo meros títeres de las tendencias?. Es algo parecido a lo que ocurre en la vida real. Saben a quién vamos a votar, que vamos a comer, dónde vamos a viajar… Y todo manejado desde un casi sutil sitio para que sigamos felices con una ilusión falsa de unicidad. Sí, en la moda planean las mismas teorías de la conspiración que en el asesinato de Marilyn o en la caída de las torres de 2001. Por poner dos ejemplos.
Según en que país del globo estemos ubicados, los hilos se mueven desde diferentes sitios. En España, por ejemplo, los referentes que marcan tendencias son los famosos. No es raro, aquí vivimos con bastante ansia de figurar, mezclado con ganas de no trabajar y una necesidad desmedida de aprobación. La idea de, -“Si visto como Isabel Preysler o Kate Moss (que el mundo ya es uno global), viviré como ellas”… Aun a pesar de nuestras viperinas críticas, movidas en muchos casos por el deporte más popular del país: La envidia. Muchos deseamos darnos “vidas padre”
En los EE.UU, los “Usa” en el argot más trendy, los referentes a imitar (que no seguir), son los editores de revistas de moda. ¿Quién no conoce a la más grande de allá Anne Whintour, y a su gigantesco ayudante recién salido de Matrix, André León?. Ella instauró el término <
Es Francia, el último reducto “real” de moda creada para sorprender. Los que deciden más claramente lo que de verdad se llevará en la calle, son los diseñadores de moda, como Dios manda. Si Coco levantara la cabeza y viera la situación actual de la moda, se daría con la tapa a ver si volvía a caer.
Salvo la ya mencionada Nueva York, Londres y Tokio (el sumun del cool), nadie es capaz de mover por si mismo el mundo de la moda, si hablamos de generador de tendencias desde la calle… Y si hablamos de otras cosas también.
Los más en las calles de estas urbes es arriesgarse, y eso a día de hoy no tiene precio. Son el remanso de alegría e inspiración de bloguer@s y coolhunters. Esta última profesión, yo diría que es de lo mejor que se puede ser en el mundo (junto a comentarista de F1). Viajar por el mundo, cazando tendencias y bebiendo Starbucks, con una moleskine y una cámara digital… Pero para esto hay que tener clase y tercer ojo intrínsecos; no vale cualquiera, esto no se estudia en ninguna universidad.
Para este año se nos proponen prendas atemporales, hombreras ochentescas, lujo rollo humilde, la movida ecológica (real o no), los looks urbanitas descuidados, el adiós a la definición de temporadas… Y todo lo que lleven Sienna Millar y Kate Moss. Santas. Amén.
Vivamos felices, soñando con que somos libres al vestir mientras otros deciden con dos años de antelación por nosotros. Porque si realmente fuesemos libres para hacerlo; la mayoría no sabrían gestionar esa libertad… Como en la vida.
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